lunes, 22 de octubre de 2012

LA FUNCIÓN TERAPÉUTICA DEL SUEÑO



Si aceptásemos que la mayor parte de las enfermedades tienen un origen (más cercano o más remoto) en el entramado psíquico del individuo tendríamos que reconocer también que los sueños obran como una magnífica catarsis. 

Para contribuir a la curación del cuerpo no basta con descansar. Hay que dormir y soñar. Normalmente, durante una enfermedad los sueños son más intensos, vividos e impactantes. A veces parecen especialmente confusos, raros y surrealistas. Pero igual que el cuerpo, ante la enfermedad, siempre busca la manera de resolver el conflicto (lo consiga o no) los sueños siempre buscan también la manera de resolver el conflicto original.

Por eso es importante no interferir. Hay que dormir y dejar que "Morfeo" ponga en escena todos los factores que, exhibiéndose, ordenándose y llevando a efecto todas sus oníricas consecuencias den como resultado un estado psíquico diferente.

Soñar es curarse.

Y, por tanto, la mejor actitud frente a la enfermedad aguda es dormir y dejar que el sueño haga su trabajo.

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