La Kábala es un sistema práctico de evolución espiritual, por eso se la llama "el yoga de Occidente".
Dice Halevi, uno de los principales cabalistas del momento, que "el primer paso en la Kábala es familiarizarse con el Árbol Sefirótico, porque sin esta clave poco se puede aprender". Y para ello lo importante es traducir la naturaleza de cada séfira, que es una imagen de lo Divino en términos humanos, y de esa forma que la persona que inicia su estudio pueda sentirse identificada con los distintos niveles del Árbol, en función de la propia evolución.
Cuando en la Antigüedad se elevaba la mirada hacia los espacios cósmicos, no se percibían las estrellas con sus contornos físicos, como las vemos hoy día: los antiguos percibían entidades espirituales. Cuando los griegos antiguos hablaban de Mercurio, por ejemplo, no se referían al astro material, sino al conjunto de las entidades espirituales que actuaban en su esfera.
Con el paso del tiempo, la humanidad fue evolucionando hacia la visión física, y el núcleo central, material, de los astros se fue haciendo más nítido y esa visión es la que ha prevalecido hasta nuestros tiempos.
Pero como todo lo que acontece en lo material, no es sino la expresión de hechos espirituales, y todo lo que sale a nuestro encuentro no es sino la envoltura externa de las entidades espirituales, estudiando el Arbol Sefirótico podremos establecer un nuevo contacto con esta sabiduría primordial desde nuestro nivel evolutivo personal.
Vistos desde la Tierra, y a través de la estructura del Árbol Sefirótico, Saturno es el planeta más lejano, junto con Urano y Plutón, y la Luna el más cercano.
En cierta manera, ambos son puertas: para Annick de Souzennelle, el primero sería la "puerta de los Dioses" y la Luna la "puerta de los hombres", puertas que hay que traspasar en nuestro camino ascendente y descendente.
Si admitimos que el Universo es, en realidad, una forma de pensamiento proyectado desde una mente superior, a la que llamamos Dios, el Árbol de la Vida sería la representación simbólica de la Consciencia superior y de los procesos mediante los cuales el Universo llegó a su existencia. Por ello el Árbol no sólo es práctico para estudiar y comprender el Macrocosmos. También sirve para el Microcosmos, réplica en miniatura de aquel: hay una conexión subconsciente entre cada alma y el alma del Mundo.
Cada símbolo del Árbol representa una fuerza cósmica, con la que podemos entrar en contacto a través de nuestra mente, si nos concentramos en lo que representan esos símbolos.
No hay comentarios:
Publicar un comentario