El impacto inicial en el paisaje urbano de San Sebastián, caracterizado por su arquitectura clásica de estilo francés, resultó negativo para buena parte de los donostiarras: a la piedra arenisca típica de los edificios donostiarras y a sus formas clásicas y ornamentadas, se contraponía un edificio de líneas rectas y formas geométricas construido en cristal. La importancia del edificio, inaugurado el 23 de agosto de 1999 con un concierto de la Orquesta Sinfónica de Euskadi y Ainhoa Arteta, quedó eclipsada, asimismo, por la construcción paralela del Museo Guggenheim de Bilbao, cuyo coste fue más de dos veces superior al del Kursal. Sin embargo, tras un período de adaptación y gracias al muy positivo impacto del edificio sobre la economía, el turismo y la vida cultural de San Sebastián, hoy la gran mayoría de los donostiarras aprecia el edificio y respalda plenamente su construcción.
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