
La evolución tiende a hacer desaparecer los fenómenos y las estructuras prescindibles. Lo cual no conlleva que todo en nosotros tenga una función necesaria. Pero qué sucede con los sueños. Las experiencias oníricas permanecen en nosotros sin que sepamos con certeza si tienen alguna utilidad o si son meras distorsiones de los recuerdos. Los sueños son ante todo experiencias espontáneas cargadas de emociones y percepciones. El hecho de que las imágenes o los recuerdos aparecen entremezclados a veces de forma ilógica nos lleva a pensar que son distorsiones. Que nuestra mente se equivoca cuando reconstruye esas experiencias. Sin embargo, soslayamos otro aspecto crucial que nos habla de la importancia de los sueños. Nos referimos a las las sensaciones. Gracias a los sueños somos capaces de elucubrar sensaciones en situaciones que no podemos recrear en la realidad o que podrían representar algún tipo de inconveniente. De esta forma los sueños constituyen un auténtico simulador de realidad virtual que nos permite enfrentarnos a situaciones experimentales sin correr riesgos.
Las sensaciones son el mensaje de los sueños. Son sus palabras, el código que emplea para comunicarnos su veredicto. Gracias a estos mensajes podemos saber qué pasaría si nos enfrentásemos a esas situaciones en la vida real. Nuestra mente no trabaja en balde ni siquiera mientras dormimos. Normalmente los sueños reproducen situaciones que nos inquietan o nos generan algún tipo de incertidumbre. Nuestra mente simula esa situación y nos reproduce las sensaciones que experimentaríamos en ella.
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