En la mitología Griega, Morfeo,(del griego, morphê, forma), es el dios que da forma a los sueños. Fue engendrado por Hypnos, (la personificación del sueño y hermano de Thanatos, la muerte), y por Nix, (la noche). Morfeo adoptaba una apariencia humana para entrar en las imágenes oníricas y permitir a los mortales escapar del control de los dioses. Tenía unas suaves y delicadas alas que batía silenciosamente para desplazarse a cualquier rincón de la Tierra. Dormía en la cueva de un palacio, sobre un lecho de ébano, rodeado de flores de amapolas, una planta de efectos sedantes. Formaba equipo con sus hermanos Fobetor, (fobia), y Fantaso, (fantasía), que eran los responsables de dar forma a las apariciones de animales y objetos inanimados. Morfeo tocaba la frente de los humanos con una amapola para sumirlos en un profundo sueño. Por un extremo de la cueva salían los sueños sanadores y por el otro, las pesadillas. Por revelar a través de los sueños a los mortales, los secretos de los dioses del Olimpo, Zeus le fulminó con un rayo.
La leyenda mitológica, sea griega, romana o pagana, nos introduce en un mundo de fantasías, de mitológemas que reproducen el relato alegórico de la historia de la humanidad. Los dioses, los héroes y los villanos son arquetipos que, desde el plano físico al metafísico, contienen lo que Jung llama lo numinoso, es decir, el atributo divino, el espíritu creativo que establece su dominio en todo el imaginario colectivo y que forma parte de nuestra realidad, estemos despiertos o dormidos.
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