viernes, 7 de junio de 2013

HIPERCOGNICIÓN



Los pensamientos negativos se originan por la vida en sociedad, de donde emanan los mensajes sublimes de triunfo o fracaso. Cuando no logramos alcanzar las expectativas sociales, recibimos señales negativas que degeneran en frustración. Esos pensamientos pueden ser modulados de distintas formas dependiendo de la personalidad de cada individuo. Así, las personas más decididas y optimistas tomarán esas decepciones como aprendizaje para los nuevos retos. Mientras que las personas más pesimistas y depresivas interpretarán el fracaso como algo consustancial a sus vidas. Creerán que son inferiores a los demás y entrarán en una espiral de pensamientos negativos en los que se lamentan continuamente por no ser mejores. Esos pensamientos negativos tienen el nocivo efecto de enraizar en la mente hasta el punto de formar parte de la personalidad individual. De esta forma, una o varias acciones fracasadas, que en principio no han de tener mayor relevancia, terminan por modificar la personalidad del individuo.

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